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 JULIÁN GARCÉS 
O.F.M +(1519-1541)
Obispo I


 De la Orden de Predicadores, profesó en el convento de Calatayud y estudió en las Universidades de Salamanca y París. Enseñó Teología en el convento de Zaragoza, donde alcanzó el título de maestro. Más tarde marchó a París para perfeccionar sus estudios en Filosofía, Teología y Latín, «y salió tan aprovechado en lengua latina —escribe Latassa— que el insigne Antonio de Lebrija decía que le convenía estudiar para igualarlo». Hombre docto, de gran altura intelectual, fue maestro de su orden en Aragón y predicador de Carlos I.

A sus setenta y cinco años fue nombrado obispo de la nueva diócesis de Tlascala, en la Nueva España, por real cédula de 6-IX-1527. Pese a su avanzada edad, no dudó en ponerse en camino hacia las Indias, tomando posesión de su sede apostólica dos años después, el 9-XI-1529. En los dieciocho años que estuvo al frente del obispado tlascalteca, se destacó por el cuidado prestado a la expansión misional y a la protección de los indios, así como a la erección de templos y creación de obras asistenciales. Fruto de tal empeño fue la edificación de un hospital en el camino de Veracruz a México y el templo catedral de la Puebla de los Ángeles, nombre que adoptó su diócesis. Personaje de extraordinaria importancia, fray Julián Garcés es uno de los grandes hombres aragoneses que tempranamente participan en la acción misional y colonizadora de la corona española en Indias, desarrollando una activa labor en las controversias de Indias, fruto de las cuales fue una carta dirigida al papa Paulo III en defensa de los indios. Murió en su sede, víctima de unas fiebres palúdicas, a los noventa y cinco años, «en olor de santidad y con sentimiento de todos los buenos», según escribe Latassa.

• Obra: Epístola ad SS. Dom. Nost. Paulum III Pontificem Maximum in Gratiam Indorum. Ilustratio omnium operum Divi Augustini, Notis marginalibus a se ipso factis. Papeles relativos al establecimiento de la Iglesia de Angelópolis. Colección de sermones.




 Francisco del Toral

O.F.M. † (19 de noviembre de 1561 - 20 de abril de 1571)
Obispo IV




Era un franciscano misionero en la Nueva España, y el primer obispo  que llegó a Yucatán.  Como parte de su esfuerzo por cristianizar a los indios de la Nueva España, Toral aprendió a hablar el náhuatl y Popoloca idiomas que no domindaba, de igual forma compiló un diccionario y la gramática de este último.


 
DIEGO DE LANDA
O.F.M. † (17 de octubre de 1572 - 29 de abril de 1579)
Obispo  V


A los 17 años ingresó al monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo, fue uno de los primeros frailes franciscanos que viajó a la península de Yucatán, en donde trabajó intensamente durante tres décadas en la evangelización de los nativos mayas, fue consagrado Obispo de Yucatán en 1572.

Diego de Landa encontró algunas similitudes entre el cristianismo y la religión maya en el aspecto de los ritos sagrados que consistían en sacrificios humanos y ofrendas de sangre lo que se relacionaba, según Landa, con el carácter sacrificial de la figura de Cristo el cual había dado su vida por la humanidad.

Debido a la reticencia de los mayas para aceptar la fe católica y para abandonar sus propios rituales religiosos, en junio de 1562, Landa mando detener a los gobernantes de Pencuyut, Tekit, Tikunché, Hunacté, Maní, Tekax, Oxkutzcab y otros lugares, entre ellos a Francisco Montejo Xiu, Diego Uz, Francisco Pacab, y Juan Pech, quienes fueron escarmentados. El 12 de julio de 1562 se realizó el Auto de fe de Maní en donde se incineraron ídolos de diferentes formas y dimensiones, grandes piedras utilizadas como altares, piedras pequeñas labradas, vasijas y códices con signos jeroglíficos. Las palabras de Landa fueron: "Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sentían a maravilla y les daba pena". Se calcula que incineró toneladas de libros, los cuales poseían registros escritos de todos los aspectos de la civilización maya.

El evento tuvo repercusiones, por una parte los mayas idearon medios para preservar sus cultos ancestrales, pero fue criticado por los colonos españoles quienes argumentaron que en lugar de doctrina, los indios recibían miserables tormentos, la noticia llegó hasta Felipe II, por lo que en abril de 1563, Landa tuvo que viajar a España para presentar su defensa.

Como parte de su labor evangelizadora llevó a Yucatán, desde Guatemala, dos imágenes de la Inmaculada Concepción. Una estaba destinada al Convento Grande de San Francisco en Mérida y la otra al de San Bernardino de Siena en Valladolid, aunque debido a sucesos considerados como milagrosos decidió que la segunda imagen se quedara en el convento de San Antonio de Padua en Izamal, lugar por la cual sentía un gran afecto. En la actualidad dicha imagen es considerada Reina y Patrona de Yucatán. En memoria de su labor en beneficio de los izamaleños se ha eregido una estatua suya en bronce a un costado del convento.

En su madurez se dedicó al estudio de la cultura Maya, quizás para tratar de recuperar la valiosa información que había destruido en su época de inquisidor. Logró recuperar una gran cantidad de información sobre la historia, el modo de vida, las creencias religiosas de los mayas, también logró entender el sistema vigesimal de las matemáticas y el calendario de esta civilización. Escribió Relación de las cosas de Yucatán hacia 1566, su obra es clave para entender el mundo maya de la época de la conquista. En su obra escribe de los Mayas y su historia, finalizando con una crónica del descubrimiento de aquellas tierras y la conquista española.




GREGORIO DE MONTALVO
O.F.M +(1580-1587)
Obispo VI

    Religioso dominico, natural de la villa de Coca, en el Obispado de Segovia, hijo de Juan de Montalvo y de doña Angelina de Olivera; fue Obispo de Nicaragua y promovido a Popayán y después al Cuzco, y según el tiempo había de ser eh segundo Obispo de la iglesia de que se trata y no debió de venir, como también no vinieron don fray Bernardino de Cárdenas, promovido de Obispo del Paraguay el año de 1645, y el doctor don Andrés Juan Gaitán, Inquisidor de Lima, que no aceptó, y don Juan Machado de Chaves y Mendoza, natural de Quito, hijo del Licenciado Machado, Oidor de Chile; fue Tesorero y Arcediano de las Charcas y Tesorero de Lima; pasó a España (donde le conocí) y asistió en ha Real Chancillería de Granada; escribió dos tomos del "Perfecto Confesor", que andan impresos; fue electo Obispo de Popayán en 17 de febrero de 1651, y sin consagrarse murió en el de 1653, y en este mismo año fue presentado para este Obispado don fray Agustín Velásquez de Tineo, natural de Cuéllar, del Obispado de Segovia, freyle de Alcántara, capellán del Rey, doctor en teología, prior de Magacela y con los demás honores que da la religión, siendo de edad de cincuenta años, y don Luis de Betancur y Figueroa.





JUAN IZQUIERDO
O.F.M. † (13 de junio de 1590 - 17 de noviembre de 1602)
Obispo VII

Natural de la villa de Palos (aprox. 1547) y obispo de Yucatán desde 1587 hasta su fallecimiento en 1602.

Palermo y franciscano fue también fray Juan Izquierdo, Obispo de Yucatán entre 1587 y 1602. Personaje controvertido, pues le tocó vivir momentos críticos de enorme tensión y responsabilidad, logró la consolidación de la Iglesia yucateca mediante una acertada reorganización de su Obispado y la introducción de importantes innovaciones y reformas.

La fundación en su sede de Mérida de un seminario, verdadero centro cultural de la zona; la terminación de la catedral, en cuya cripta yace enterrado; sus frecuentes visitas controlando su obispado; su preocupación porque los misioneros aprendieran el chontal, la lengua nativa, para que fueran más eficaces en su evangelización, salvándola al mismo tiempo del olvido conjuntamente con tradiciones y costumbres de la cultura indígena; su obsesión porque los escasos recursos de una Iglesia ubicada en una tierra pobre y marginada estuvieran mejor distribuidos, nos definen a un fray Juan Izquierdo dinámico y efectivo, riguroso y enérgico, preocupado por llevar a cabo siempre las medidas que, a su juicio, iban a redundar en beneficio de la Iglesia que le había sido encomendada.


 
JUAN ALONSO DE OCÓN
O.F.M(1638- 1642)
Obispo X
Prelado español del siglo XVII, nacido en Ocón de La Rioja. Con toda probabilidad es el mismo personaje que Govantes cita como don Juan Alonso y del que dice que nació en El Redal. Estudió en el Colegio de San Ildefonso de Alcalá, se graduó como doctor en teología y regentó una cátedra de esa ciencia. Fue cura párroco de Elechofa (arzobispado de Toledo) y de la parroquia de la Santa Cruz de Madrid.
Presentado por Felipe IV para la silla episcopal de Yucatán en 1632, fue consagrado en la parroquia últimamente citada. Desde Yucatán pasó a la diócesis del Cuzco (1642) en la que demostró sus sentimientos caritativos, sobre todo durante un terrible terremoto que asoló aquella comarca. En 1.651 fue nombrado arzobispo de Charcas, y murió en el desempeño de este cargo, dejando fama de prelado virtuoso. A él se debe la fundación de los colegios de San Antonio y San Bernardo en Lima y de la institución en dicha ciudad de la fiesta de San Ildefonso.
Siendo obispo del Cuzco donó una arqueta para la capilla de los santos Cosme y Damián en La Villa de Ocón, donde se guardan las reliquias de esos mártires.



ANDRÉS FERNANDEZ DE IPENZA.
O.F.M(1643)
Obispo XI

Natural de la Villa de Arnedo en la Rioja, Colegial Trilingue, estudió allí Canones y recibio el grado de Doctor Teólogo. Pasó a México como Familiar del Arzobispo Don Francisco Manso. Lo hicieron Conquistador de Toledo y de allí Obispo de Yucatán en 1643, pero murió ese mismo año


MARCOS TORRES DE RUEDA
O.F.M (1646- 1649)
Obispo XII


Marcos de Torres y Rueda (Almazán, España. 25 de abril de 1591 - Ciudad de México, México. 22 de abril de 1649). Ocupó los cargos de Obispo de Yucatán de 1646 a 1649, como Virrey de la Nueva España del 13 de mayo de 1648 al 22 de abril de 1649.
Marcos de Torres y Rueda nació en España 1591 (agunas fuentes lo datan hacia 1588). Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, graduándose con dostinción el la carrera de licenciado en artes. Tiempo después ocupó el cargo de teología en la misma universidad, y posteriormente en la Universidad de Valladolid. Obtuvo el canon en la catedral de Burgos y fue rector del colegió de San Nicolás de Burgos donde el Rey Felipe IV le otorgó el cargo de Obispo de Yucatán. El Papa Inocencio X le concedió ocupar tal posición el 18 de diciembre de 1645.


LUIS DE CIFUENTES Y SOTOMAYOR
O.FM (1657-1676)
Obispo XVI

Nació en la Ciudad de Sevilla, al haber muerto los dos obispos anteriores a él , Diaz de Arce y Orta. Luis de Cifuentes fue nombrado Obispo.
Dió a Yucatán años de servicio, el cual fue bien recibido por los fieles


JUAN CANO DE SANDOVAL
O.F.M (1682-1695)
Obispo XVIII
El Obispo Juan era muy devoto de la Virgen de Guadalupe y en la primera oportunidad sale para su diócesis de Yucatán el Dr. don Juan Cano de Sandoval, devoto guadalupano, y lo acompañan hasta Guadalupe el Ilmo. señor Aguiar y Seijas, el Dr. Sariñana, electo obispo de Oaxaca y el cabildo metropolitano.

JUAN GÓMEZ DE PARADA
O.F.M (1715-1728)
Obispo XXI


Juan Gómez de Parada, religioso mexicano electo obispo de Yucatán en 1716 y consagrado en México. En 1728 fue obispo de Guatemala y en 1735 de Guadalajara, en donde hizo la reedificación del Seminario Conciliar y el Colegio de San Diego, así mismo, fundó veinte iglesias.


JUAN IGNACIO DE CASTORENA Y URZÚA
O.FM (1729-1733)
Obispo XXII

El primer periodista mexicano, Juan Ignacio Castorena Ursúa y Goyeneche y de Villarreal, nació en la ciudad de Zacatecas, el 31 de julio de 1688. Sus padres fueron el capitán don Juan de Castorena Ursúa y Goyeneche, originario del Valle de Bastán, Navarra y doña Teresa de Villarreal, nacida en Zacatecas.
 
Perteneció a una familia acomodada y ello le permitió realizar sus primeros estudios en su ciudad natal, para luego ingresar sin dificultad al Real Colegio de San Ildefonso de la ciudad de México, dirigido por padres jesuitas. Por ser un estudiante sobresaliente, obtuvo el honor de que su retrato elaborado a pincel se colocara en la galería de los alumnos más adelantados de la institución.
 
Durante 12 años fue colegial de San Ildefonso: primero estuvo con la categoría de seminarista y posteriormente obtuvo una beca real; estudió Filosofía, Teología y Sagrados Cánones, hasta obtener el grado de doctor en Cánones.
 
Castorena fue amigo y admirador de la poetisa Sor Juana Inés de la Cruz. Defendió el derecho que ella tenía para escribir; a lo cual ella le escribió una décima, a manera de agradecimiento, por la defensa realizada.
 
Estando en España, donde ya se conocía la obra de Sor Juana, Castorena logró la publicación de Fama y Obras Póstumas del Fénix de México, Décima Musa, Poetisa Americana, Sor Juana Inés de la Cruz (1700).
 
En la Universidad de Ávila, en España, se doctoró en Teología. Luego en Madrid fungió como apoderado del Colegio de Santa María de Santos en México, consiguiendo para el colegio el título de Mayor.
 
Regresó a México con el nombramiento de Prebendado. Durante 20 años impartió la cátedra de Escritura; fue chantre, inquisidor ordinario, abad de San Pedro, provisor de indios, vicario general de los conventos de religiosas, teólogo de la nunciatura de España, capellán y predicador del rey Carlos II.
 
Castorena estableció muchas fundaciones piadosas, entre las que se cuenta el colegio de niñas, llamado Los Mil Ángeles Custodios de María Santísima, fundado en Zacatecas en 1721. Fue catedrático de Sagrada Escritura, así como rector de la Real y Pontificia Universidad de México y visitador de la capilla de la misma. Se jubiló después de 20 años de trabajo.
 
En enero de 1722, durante el virreinato de don Baltasar de Zúñiga, marqués de Valero, Castorena fundó la Gaceta de México y Noticias de Nueva España. Ésta representa para el periodismo mexicano la primera publicación regularizada, por haber sido una edición mensual. Lamentablemente sólo aparecieron seis números.
 
Se ha dicho que Castorena fue injustamente atacado y criticado por el bachiller don Cesáreo Matroca, ocasionando que el hombre suspendiera sus actividades periodísticas, opinión que no puede considerarse totalmente cierta.
 
Es más probable que la empresa fuera suspendida porque su director perdió todo su capital en ella, o bien, por la carestía y escasez de papel que en aquellos tiempos los habitantes de la Nueva España enfrentaban constantemente.
 
En 1729, Castorena fue electo obispo de Yucatán, fue consagrado en México y tomó posesión del obispado en 1730. Reedificó y adornó la capilla de Nuestra Señora del Pilar del cerro de Chapultepec.
 
Promovió la causa de beatificación de Juan González, canónigo de México. Dotó en la Casa Profesa de México la fiesta de la conversión de San Ignacio de Loyola, y lo mismo hizo en el Colegio Imperial de Madrid.
 
En la Universidad de México dotó la fiesta de la Concepción que hacían los padres dominicos del Colegio de Portaceli y, en la Iglesia de San Sebastián de los Carmelitas Descalzos estableció el aniversario de la santificación de San José, para el segundo domingo del mes de octubre.
 
Castorena legó a la posteridad varios escritos y discursos religiosos, entre los que se encuientran Abraham Académico (1696); Fruto de Bendición de la Rosa de Castilla, y la Flor de Lis Francesa (1700); Cíngulos del Espíritu Con Que se Ciñen, Pero No se Atan los Sacerdotes de la Sagrada Congregación de Nuestro Padre San Felipe Neri (1703); Parabién de las Letras a las Armas (1712), y El Predicador Convertido (1719).
 
También, Ocupación Angélica Dolorosa, de los Mil Ángeles Marianos, y el Arcángel San Miguel, Que Asistieron a la Guarda a María Santísima (1720); Apología Litúrgica de la Nueva Fiesta de la Conversión de San Ignacio (1724); El Congregante Prevenido en el Compendio y Suma de las Reglas y Constituciones de la Sagrada Venerable y Muy Ilustre Congregación de el Príncipe de los Apóstoles, Nuestro Señor San Pedro (1725); El Minero Más Feliz, Que Halló el Tesoro Escondido de la Virtud en el Campo Florido de la Religión (1728), y Escuela Mística de María Santísima en la Mística Ciudad de Dios (1731).
 
Este "sacerdote ilustrado", como lo llamó el historiador Francisco Sosa, murió en Mérida, Yucatán, ejerciendo su obispado, el 13 de julio de 1733.



Juan José de Eguiara y Eguren
† (24 Ene 1752 - 6 Jul. 1752) 
Obispo XXVI


Fue catedrático eminente de la Real y Pontificia Universidad de México, y el sabio universitario más connotado de la Nueva España en la primera mitad del siglo XVIII. Su magna obra tuvo por motivo la lectura que Eguiara y Eguren hizo de las Epístolas (Madrid, 1735) de Manuel Martí, deán de Alicante, que ponía en duda no sólo la capacidad hispanoamericana para el cultivo del espíritu mediante el estudio, sino que negaba enfáticamente que se practicara en las Indias Occidentales. La afirmación del deán -y esto fue lo que más molestó a Eguiara- se refería de manera particular a la Nueva España. De esa manera Eguiara y Eguren comenzó a investigar y a reunir datos sobre todos sus connacionales que se habían distinguido en el campo de las letras. Su fin era escribir una Bibliotheca Mexicana que agrupara los datos de los escritores que iban llenando sus fichero.



IGNACIO PADILLA Y ESTRADA
O.F.M ( 1753- 1760)
Obispo XXVII
Naciò en México en 1696, y murió en Mérida Yucatán en 176, su padre había nacido en Santo Domingo, su abuelo fue un gran impulsor de la instrucción.
El Fray Ignacio Padilla , impulso mucho el catolisismo  en el Estado.


ANTONIO ALCALDE
O.F.M (1761-1771)
Obispo XXVIII


Fray Antonio Alcalde y Barriga O.P. (Cigales, España, 15 de marzo de 1701 - † Guadalajara, Nueva Galicia, 7 de agosto de 1792), también conocido simplemente como Fray Antonio Alcalde o como el Fraile Calavera fue un religioso y filántropo español que se desempeñó como Obispo de Mérida y de Guadalajara, ambas ciudades de la Nueva España. Es ampliamente recordado en la ciudad de Guadalajara por sus generosas obras para esta ciudad, entre ellas la creación del "Hospital Real de San Miguel" hoy Hospital Civil, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el Sagrario Metropolitano, el Convento de Capuchinas, el Beaeterio de Santa Clara y la Real y Literaria Universidad de Guadalajara.


 JOSE MARÍA GUERRA
O.F.M (1834-1863)
Obispo XXXIV
El obispo Guerra, debido a las guerras internas de la Península de Yucatán, prefirió realizar la visita pastoral de Tabasco y el 29 de noviembre de ese año dio a conocer una Carta Pastoral, expresando la pena que le causaba no realizar la visita pastoral de la región yucateca y la necesidad de suplirla por las instrucciones que daba por medio de la Carta 346; en septiembre de 1836, el obispo Guerra declaró vigente el diezmo en Yucatán. De 1837 a 1840, sucedió una cosa curiosa en Yucatán: la familia Guerra y Rodríguez Correa gobernó civil y eclesiásticamente la Península, pues Pedro Marcial, hermano del obispo José María, fue nombrado gobernador de Yucatán; sin embargo se abrió un período de guerras intestinas entre federalistas y centralistas y «la Iglesia sufría así de los unos como de los otros» 347, pues querían despojar al clero de sus bienes, «aunque siempre los liberales denominaron clericales a los centralistas, y estos llamaron impíos y demagogos a los primeros.
En 1844, el obispo Guerra dirigió un oficio al gobernador Santiago Méndez, protestando contra el proyecto del Gobierno sobre la dotación del culto religioso y sus ministros, pues consideraba «que las urgencias del erario harían impracticables los abonos, y después, una nueva ley vendría a declararlo desobligado a continuarlos


LEANDRO RODRIGUEZ DE GALA
O.F.M(1868- 1887)
Obispo XXXV
fue nombrado gobernador de la Mitra de Yucatán el canónigo Leandro Rodríguez de la Gala 412 y poco tiempo después, el 17 de abril, el Papa Pío IX (1846-1878) lo instituyó administrador apostólico del Obispado de Yucatán. El presidente Benito Juárez restituyó el Seminario de San Ildefonso a la Diócesis por decretos del 9 de septiembre y 9 de diciembre de 1863; el 4 de julio de 1864, Rodríguez de la Gala dio a conocer su primera Carta Pastoral y estableció una Academia de literatura y ciencias eclesiásticas, siendo su presidente el presbítero Crescencio Carrillo y Ancona; siempre en 1864, Rodríguez de la Gala envió al presbítero Manuel Antonio Sierra y a algunos otros sacerdotes a visitar las rancherías de los indígenas mayas de la frontera con Belice y también el territorio de esta colonia británica pero no pudieron hacer mucho porque aquel territorio pertenecía al Vicariato Apostólico de Jamaica 413.
Con la caída del Imperio de Maximiliano y la restauración de la República en 1867, resurgieron las clausuras de instituciones eclesiásticas, sufriendo la Diócesis de Yucatán en octubre de 1867, la extinción del convento de las Religiosas Concepcionistas de Mérida y en febrero de 1868 del Seminario Conciliar; entonces los presbíteros Crescencio Carrillo y Ancona y Norberto Domínguez fundaron el Colegio Católico de San Ildefonso, de instrucción primaria y secundaria, que ayudó en la formación seminarística 414.
Debido a las exigencias anticanónicas de los ministros de Maximiliano, durante el Imperio no se pudo establecer un Concordato con la Santa Sede y la petición de un obispo para Yucatán quedó para mejor ocasión. Con la restauración de la República, el Papa Pío IX nombró obispo de Yucatán a Leandro Rodríguez de la Gala, el 22 de junio de 1868, siendo consagrado en la Habana, Cuba, por el obispo fray Jacinto Martínez el 14 de febrero de 1869; el nuevo obispo tomó posesión de la Diócesis el 4 de marzo, cuando se guardaba luto en el Estado de Yucatán por la muerte del gobernador Manuel Cepeda Peraza 415.
A pesar de su débil salud, el obispo Rodríguez de la Gala realizó la visita de toda la Diócesis durante sus años de gobierno episcopal, pues acostumbraba recorrer tres o cuatro parroquias y regresaba a Mérida. Durante una de sus visitas, estando en Tekax en marzo de 1870 «dirigió a los indios rebeldes una Carta Pastoral el día 6, excitándolos a la paz y a la conversión» 416. Para lograr mejor efecto, el obispo Rodríguez de la Gala pidió al cura José del Pilar Vales que la tradujera al idioma maya y se imprimió después en dos columnas con el texto español y maya en la Imprenta de José Dolores Espinosa.
El 1 de enero de 1876 se restableció el Seminario Conciliar y cesó sus funciones la Academia de ciencias eclesiásticas que sostenía suplementariamente la enseñanza del Seminario. En marzo de 1877, debido a su Octava Carta Pastoral, que fue considerada como subversiva por el Gobierno yucateco, el enfermo obispo tuvo que sufrir el exilio por un mes. En diciembre de 1877, por su precaria salud, Rodríguez de la Gala designó como su secretario al presbítero Crescencio Carrillo y Ancona y lo nombró canónigo en 1879 «delegándole casi todas sus facultades y descargando en él todo el peso de la administración» 417. En 1883 lo nombró su provisor y vicario general y ese mismo año pidió a la Santa Sede lo nombrara su coadjutor; entonces en 1884 fue nombrado Crescencio Carrillo y Ancona obispo de Lero y coadjutor de Yucatán con derecho a sucesión, siendo consagrado el 6 de junio de 1884. El obispo Leandro Rodríguez de la Gala murió el 14 de febrero de 1887, habiendo ordenado a 67 sacerdotes y publicado quince Cartas Pastorales.


ANTONIO CABALLERO Y GÓNGORA
O.F.M † (11 Sep. 1775 - 14 diciembre 1778)
Obispo XXXI



    Conocido en la historia colombiana como el arzobispo-virrey por haber ostentado simultáneamente los cargos de arzobispo de Santafé y virrey del Nuevo Reino de Granada, realizó una intensa actividad para desarticular el movimiento comunero (1781) y posteriormente logró pacificar el país.

Nacido en el seno de una familia hidalga formada por Juan Caballero y Espinar (que había sido escribano, regidor y alcalde del Cabildo) y la cordobesa Ana Antonia de Góngora, Antonio estudió en Granada y a los 15 años ganó beca de teólogo en el colegio de San Bartolomé y Santiago. Siguió la carrera eclesiástica en el Colegio Imperial de Santa Catalina y se invistió como sacerdote en 1750. Ese mismo año fue nombrado capellán de la Capilla Real aneja a la catedral granadina. Durante el ejercicio de este cargo escribió una biografía del poeta granadino Porcel y Salablanca.

En 1753 fue elegido canónigo lectoral de Córdoba, plaza que desempeñó hasta 1775, y en la que se distinguió por su oratoria y por su celo en el ejercicio de la censura eclesiástica. En 1775 fue elegido obispo de Chiapas, pero casi al mismo tiempo quedó vacante el obispado de Mérida, en Yucatán, por lo que se le presentó para esta última diócesis, que aceptó. Fue consagrado obispo de Mérida en la catedral de La Habana el año 1776. Llegado a su diócesis, realizó una gran labor apostólica; hizo la visita pastoral, moralizó los gravámenes del clero y reorganizó el colegio de San Pedro, que había decaído mucho tras la expulsión de los jesuitas.

En 1777 fue nombrado arzobispo de Santafé de Bogotá. Llegó a Cartagena el 29 de junio de 1778 y a la capital el 5 de marzo de siguiente. Caballero inició una importante labor pastoral: arregló la renta de los diezmos y reajustó la arquidiócesis mediante la creación de los obispados de Mérida (Venezuela) y Cuenca (Quito). Fracasó, sin embargo, en otros proyectos, como el de fundar un nuevo obispado en Antioquia, colocar la diócesis de Panamá bajo la jurisdicción santafereña, sacándola de la limeña, y organizar un Concilio provincial neogranadino para restablecer la disciplina eclesiástica.

En 1780 surgió el movimiento comunero en el Nuevo Reino de Granada, que fue una reacción popular (casi coetánea de la de Túpac Amaru en el Perú) contra el nuevo régimen de impuestos ordenado por Carlos III. Para efectuarla en el Nuevo Reino se envió al visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres en 1777. Éste estableció el estanco del tabaco, prohibió su cultivo en determinadas regiones, como el Socorro y Chiriquí, erigió las rentas estancadas de naipes y el aguardiente, organizó la Dirección General de Rentas, creó las aduanas en Cartagena y Santafé y finalmente, el 12 de octubre de 1780, publicó la Instrucción de nuevos gravámenes, por la que se subía dos reales la libra de tabaco y otros dos la azumbre del aguardiente.

A los diez días nació el movimiento comunero en Simacota, que se extendió luego al Socorro, San Gil, Charalá, Girón, etc. La rebelión se organizó en el Socorro con participación de mestizos, criollos e indios. Reunió casi veinte mil hombres que se dirigieron hacia la capital para pedir la derogación de los nuevos impuestos. Santafé se encontraba con cierto vacío de poder, pues el virrey don Manuel de Flores había marchado a Cartagena para defenderla de un supuesto ataque inglés y el visitador huyó hacia el río Magdalena ante la agresividad comunera contra su persona.

Los oidores tuvieron que afrontar el problema con ayuda del arzobispo Caballero. Decidieron enviar una delegación (formada por los doctores Juan Francisco Pey y Eustaquio Galavis) para detener a los comuneros, a la que se unió el arzobispo. Los delegados partieron al encuentro de los comuneros, que hallaron en Zipaquirá, una población situada a sólo unos 60 kilómetros de la capital. Allí negociaron con los capitanes comuneros.

El General del Común, Juan Francisco Berbeo, presentó sus reivindicaciones en forma de 35 capitulaciones, que en síntesis exigían la derogación de los nuevos impuestos y la disminución de los antiguos. Empezaron a discutirse una por una pero, ante el temor de que el pueblo se cansara de la espera y marchara sobre Bogotá, el Arzobispo aconsejó a los oidores aceptarlas todas. Así se hizo, por lo que se procedió a jurar el acuerdo ante los evangelios. Tras esto, se ofició una misa solemne, celebrada por el propio Caballero, y los comuneros volvieron a sus pueblos convencidos de que la autoridad del arzobispo respondería del acuerdo. No fue así, pues, una vez en Bogotá, los oidores y Caballero declararon nulo lo acordado por haber sido arrancado con coacción. Lo mismo hizo el virrey.





   

Excmo. Mons. Crescencio Carrillo y Ancona
† (15 Feb. 1887 - 19 marzo 1897)

Obispo XXXVI



La historia vivida en la Iglesia local de Yucatán, nos lleva de la mano hacia el grato recuerdo del Excmo. Sr. Obispo Crescencio Carrillo y Ancona, uno de los prelados e historiadores más sabios e ilustres, hijo de estas tierras del Mayab, que ciñó la mitra y empuñó el báculo para ser imagen de Jesucristo Buen Pastor y abrió la puerta para una nueva etapa de la grey yucateca. A más de cien años del fallecimiento de Mons. Crescencio Carrillo, lo seguimos admirando por la erudición y el testimonio de fe que nos legó en sus obras.

Oriundo de Izamal, donde vio la luz el 19 de abril de 1837, fue recibido por sus padres, Maximiliano Carrillo de Pérez y Josefa Florentina Ancona. Siendo un adolescente vivió en el barrio de Santiago, de la ciudad de Mérida, desde 1848. El Sr. Cura de Santiago, Pbro. Tomás Domingo Quintana, conoció las virtudes y habilidades intelectuales de Crescencio, lo que puso en conocimiento del Obispo de Yucatán, S. E. Mons. José María Guerra y Rodríguez Correa.

El joven Carrillo y Ancona entró al Seminario Conciliar de Nuestra Señora del Rosario y San Ildefonso, donde ganó pronto el afecto de sus compañeros y maestros. Allí aprendió humanidades, lógica, metafísica, ética, física, teología dogmática, moral, literatura e historia. El padre Tomás Quintana, durante cuatro años, le enseñó las sagradas Escrituras y el Derecho canónico. Desde estudiante fue alcanzando éxitos literarios y, en física, obtuvo una mención honorífica. En 1856, recibe el grado de bachiller en Filosofía. Dos años después, sostuvo un acto público sobre exegética (o interpretación bíblica).

Al cumplir 25 años de edad, recibió el orden del presbiterado de manos de S. E. Mons. José María Guerra y Rodríguez Correa, el 2 de junio de 1860. Sirvió generosa y fielmente a la Iglesia yucateca, primero como profesor del Seminario, impartió clases de lengua latina, filosofía, literatura, teología dogmática y teología moral. Fundó en el Seminario Conciliar la cátedra de literatura, en 1861. Fundó la Academia de ciencias eclesiásticas que se convirtió en un instituto anexo al Seminario. Este fue autorizado por decreto del 4 de julio de 1864. El gobierno imperial de Maximiliano lo nombró acompañante de la emperatriz Carlota en el viaje que ella realizó a la península de Yucatán en 1865.

El 28 de abril de 1865, al joven sacerdote Crescencio Carrillo y Ancona le tocó cumplir con el deber de orar fervorosamente por el eterno descanso de su madre y darle sepultura.

En 1879, el XXXIII Obispo, S. E. Mons. Leandro Rodríguez de la Gala y Enríquez lo llamó para ser Secretario de Cámara. En 1883, es nombrado Previsor, Vicario del obispado y Coadjutor con derecho a sucesión.

Su Santidad el Papa León XIII preconizó a Mons. Carrillo y Ancona como Obispo titular de Lero y Coadjutor de Yucatán en 1884. Recibió la consagración episcopal en la Colegiata de Santa María de Guadalupe, el 6 de junio del mismo año, de manos del Arzobispo de México, S. E. Mons. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos. Al fallecer Mons. Rodríguez de la Gala, Mons. Crescencio Carrillo y Ancona tuvo la misión de conducir la Diócesis de Yucatán de 1887 a 1897.

Fue un prelado lleno de amor hacia su pueblo y de atención y respeto con su clero. Visitaba frecuentemente las parroquias y comunidades de su Diócesis. En 1889, condecoró a su Cabildo con traje prelaticio, es decir, con la sotana morada "filetata”, por concesión del Papa León XIII, ya que se trata de una de las Diócesis más antiguas del continente americano.

Restauró la Universidad Católica de Yucatán con carácter de Pontificia en 1890; asistió al Primer Concilio Provincial de Antequera (Oaxaca) en 1893, donde destacó por su elocuencia y su piedad. Se le honró numerosas veces con diplomas y títulos de diversas sociedades científicas de presencia nacional e internacional.

Él propone a la Santa Sede desmembrar, de la jurisdicción diocesana de Yucatán, el Estado de Campeche, para crear un nuevo Obispado, con miras que en el futuro Yucatán fuese una Arquidiócesis. Desde 1890, Tabasco ya había sido erigido en Diócesis, desmembrado también del territorio diocesano de Yucatán.

El Papa León XIII, al firmar la bula "Predecesorum Nostrorum” el 24 de marzo de 1894, dio vida a la Diócesis de Campeche. El Papa encarga al Obispo Carrillo y Ancona ejecutar la Bula pontificia. Por este motivo, Mons. Carrillo y Ancona expidió un decreto el 12 de julio de 1895 en el que señala la jurisdicción del nuevo Obispado.

La ceremonia de la creación de la Diócesis de Campeche se llevó al cabo el 28 de julio de 1895, consagrándose la parroquia principal de la Inmaculada Concepción, cercana a la puerta del mar, como la sede catedralicia del nuevo Obispado. Mons. Carrillo y Ancona había quedado como Administrador Apostólico de Campeche, hasta el 26 de noviembre de 1896, fecha en la que dio posesión al primer Obispo de Campeche, S. E. Mons. Francisco Plancarte y Navarrete.

Mons. Crescencio Carrillo y Ancona es considerado un gran orador sagrado, notable historiador, insigne literato, defensor de su patria, hombre magnánimo y de generoso corazón. Entre las obras que escribió con su fecunda pluma están: Historia del Obispado de Yucatán, que abarca del siglo XVI al XIX; 24 cartas pastorales que forman un grueso volumen de 541 páginas. Expidió 30 Edictos pastorales, además de 20 discursos teológicos; algunas oraciones fúnebres; algunas lecciones de historia general; Epítome de la historia de la filosofía; Catecismo de la historia sagrada; 9 Leyendas yucatecas; Sucesos de la conquista espiritual de los indios y otras más. También reúne colecciones históricas y arqueológicas para abrir en Mérida un museo yucateco.

En alguno de sus artículos, Mons. Carrillo y Ancona firmaba con el seudónimo Carlos Gil. Si leemos sus obras, veremos que atesoraban grandes conocimientos. Es lamentable que su estilo dogmático a veces no fue bien recibido ni comprendido por algunos lectores.

Entre las anécdotas que describen la personalidad del Sr. Obispo Carrillo y Ancona, suele llamar la atención que: Cuando hubo una reunión de los Obispos en la ciudad de México, cortésmente se acercaron todos a saludar al Presidente de la República Mexicana Porfirio Díaz Mori. Cada uno de los obispos desfilaban ante Porfirio Díaz y le hacían una reverencia, sin embargo Mons. Carrillo y Ancona no lo saludó como los demás, sino que le dio una bendición. El Sr. Presidente Porfirio, extrañado de su actitud diferente a los demás, preguntó quién era ese Obispo. Su secretario le dijo que se trataba del Obispo de Yucatán. Entonces lo mandó llamar y lo felicitó por su original iniciativa. Mons. Crescencio le dijo: "Tanta dignidad tiene usted como Presidente de México, como la tengo yo por ser Obispo de Yucatán”. Desde ese momento, Porfirio  Díaz se hizo amigo de Mons. Crescencio. Cuando el Presidente Porfirio Díaz supo la muerte del Sr. Obispo Carrillo y Ancona, le envió una enorme corona de flores que estuvo en la cabecera de la capilla ardiente.

En otra ocasión, Mons. Crescencio Carrillo fue designado por los Obispos de México para predicar el sermón en la coronación de la Virgen de Guadalupe, el 12 de octubre de 1895; aunque elaboró tal discurso, no asistió a la ceremonia por encontrarse enfermo. Su elocuente panegírico a la Virgen de Guadalupe, fue leído la tarde del 12 de octubre por el Abad Mitrado de la Colegiata de Guadalupe, el Reverendo Padre Antonio Plancarte y Labastida, fundador de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe.

Acerca de este discurso del Obispo de Yucatán, un periódico capitalino llamado El Tiempo, con fecha del 15 de octubre de 1895, entre otras cosas dice: "Habiáse dicho que en esta solemnidad, predicaría el Ilmo. Sr. Dr. Crescencio Carrillo y Ancona, Obispo de Yucatán, que no pudo concurrir por encontrarse enfermo, pero como remitiera oportunamente su sermón escrito, el Padre Plancarte  le dio lectura. Y añade el rotativo: ¡Qué pocos sermones hay como el que tuvimos el privilegio  de escuchar el sábado pasado! Lenguaje florido y elegante, construcciones correctas, pensamientos elevados, ideas nuevas, en una palabra, todo lo que constituye una verdadera pieza oratoria”.

Tres puntos sobresalen en el sermón de Mons. Carrillo y Ancona:

  • Al coronar a la Virgen se rinde un homenaje a Dios, quien siendo admirable en todos sus actos quiso serlo aún más al formar a María.
  • La coronación es un juramento de vasallaje que el pueblo mexicano hace a su decidida protectora.
  • La coronación es una prueba de gratitud y amor filial para la que, grande como reina, es admirable como Madre.

El sermón duró cerca de dos horas y el auditorio escuchó conmovido y con profunda atención. A este evento guadalupano asistieron los Obispos de Tepic, de Tabasco y los Arzobispos de México y Morelia. Con motivo de la coronación, ese año el Obispo de Cleveland, Mons. Houlsmann, pide se proclame a la Virgen de Guadalupe con el título de Señora de las Américas.

Mons. Carrillo y Ancona propagó la devoción a la Santísima Virgen María en la advocación de Nuestra Señora de Yucatán. Durante su episcopado, Mons. Carrillo y Ancona, ordenó a 29 sacerdotes

Después de fecunda labor en su Diócesis, el pueblo entero de Yucatán lloró a su querido Obispo, cuando supo de su fallecimiento ocurrido en el Palacio Episcopal de la ciudad de Mérida, Yucatán, el 19 de marzo de 1897, en la solemnidad de San José. Una afección renal fue la causa que lo llevó a la muerte, tenía 59 años de edad, y habían transcurrido 10 años y un mes de conducir esta Diócesis yucateca.

Desde las 4 de la mañana, comenzaron a decirse misas en la capilla del palacio episcopal. Mons. Norberto Domínguez rezó la primera. A las cinco de la mañana, los Doctores Joaquín Acevedo, José María Tappan y Andrés Sáenz de Santa María, ayudados por el pasante de medicina Cipriano Domínguez, embalsamaron el cadáver.

El honorable Cabildo de la Santa Iglesia de Catedral, formado por el Dr. Norberto Domínguez, Presidente; Dr. Narciso Manzanilla, Penitenciario, y los canónigos Lic. Manuel Acevedo, Dr. Mauricio Zavala, Lic. Bruno Ávila y Dr. Celestino Álvarez y Galán, dio a conocer la noticia de la muerte del Sr. Obispo e informó también de las solemnidades fúnebres para los días 19, 20 y 21 de marzo. Al concluir las misas y los responsos solemnes, se procedió a conducir el cadáver a la hacienda Petcanché, donde fue inhumado.

Los clérigos yucatanenses llevaron el cadáver desde el presbiterio de la Santa Iglesia Catedral hasta la puerta mayor de la misma. En el atrio, el joven poeta, Ramón Aldana Santamaría, pronunció un elogio fúnebre. Después la banda del Estado ejecutó una marcha luctuosa, compuesta especialmente por Jacinto Cuevas. El atrio catedralicio y la plaza de la independencia se encontraban llenos de llanto y de fervor.

Numeroso grupo de seglares, representantes de gremios y otros apostolados de la Diócesis, se turnaban de seis en seis personas para llevar en hombros el féretro, desde la puerta mayor de la S. I. Catedral. Fueron avanzando por la calle 60 hasta la 59, donde dieron vuelta hacia la plaza de la Mejorada. Adelante iba el clero; seguían los gremios y las escuelas de la ciudad con sus estandartes. Las calles estaban enlutadas con cortinas y lazos negros que pendían de las ventanas.

En Mejorada, el cortejo se detuvo para colocar el ataúd sobre el carro fúnebre, que siguió por el ángulo oriente del antiguo Hospital O’Horán. Desde allí se fue hacia la izquierda, por las calles que conducen a la quinta san Pedro, hoy Casa de la Cristiandad, hasta llegar a Petcanché.

En la exhacienda Petcanché, hoy "esquina del cohete” de la avenida Miguel Canto, la gente se había aglomerado. Durante las honras fúnebres, hubo la necesidad de cerrar las puertas del oratorio para cantar los últimos responsos. Antes de depositar el cuerpo inherte del Obispo Carrillo y Ancona en su última morada, el Lic. Néstor Rubio Alpuche tuvo sentidas frases de despedida.

El 19 de abril de 1900, al extraer los restos mortales de Mons. Carrillo y Ancona, su cuerpo se encontraba incorrupto, por lo que se procedió a conducirlo con la caja mortuoria a la cripta de los Obispos en la S. I. Catedral, que se encontraba bajo el altar de nuestra Señora de la Luz, donde hoy está la hermosísima imagen de la Virgen de Guadalupe, en el costado Norte de la S. I. Catedral.
En el año de 1960, el M. I. Canónigo Lic. Fernando María Ávila Álvarez, Administrador de la Santa Iglesia Catedral, mandó a arreglar cuidadosamente la cripta de los Obispos. De allí extrajo la caja mortuoria del Sr. Obispo Carrillo y Ancona, cuyo cuerpo continuaba intacto en su exhumación, hasta que con el contacto externo se fue afectando.




S. E. Mons. Fray José Guadalupe de Jesús Alba Franco, OFM
XXXV Obispo electo de Yucatán
(1899 - 1900)



José Guadalupe nació de cuna humilde en la Villa Unión de san Antonio, del Estado de Jalisco, el 5 de octubre de 1841. Fueron sus padres Francisco Alva y Teodosia Franco. Recibió las aguas del bautizo con el nombre de Atilano, el cual cambió al ingresar a la Orden de Frailes Menores por el de Guadalupe de Jesús. Al ser preconizado Obispo de Yucatán añadió el nombre inicial de José.

A los trece años de edad, comenzó a estudiar latín en el convento de franciscanos de la ciudad de León, y es admitido como religioso franciscano en el Colegio apostólico de Propaganda Fide, de Nuestra Señora de Guadalupe de la ciudad de Zacatecas, el 23 de marzo de 1858.

Recibió el orden del Presbiterado el 7 de agosto de 1864, que le confirió S. E. Mons. Ignacio Mateo Guerra. Una vez ordenado sacerdote, empezó a ejercer con magnífico fruto su ministerio, hasta 1866 que fue llamado por su Prelado para ejercer diversos oficios en la Diócesis de Zacatecas.

Por espacio de ocho años, desde principios de 1891 a 1899, Mons. Alva consagróse a su propia Orden como Guardián. Después fue nombrado Comisario General de los Colegios de Propaganda Fide. Con ese motivo fijó su residencia en la parroquia de franciscanos del Arzobispado de Guadalajara. Allí impulsa las misiones entre fieles que dirige personalmente llevándolas a diversas partes.

Estando en Guadalajara, el 28 de noviembre de 1898, le sorprende la noticia de que el Papa León XIII lo preconiza Obispo de Yucatán. El 26 de febrero de 1899 es consagrado Obispo, en La Profesa de la ciudad de México, por el Visitador Apostólico en México, S. E. Mons. Nicolás Averardi. Inmediatamente el Obispo electo nombró a Monseñor Norberto Domínguez apoderado suyo y Vicario General de la Diócesis para que quedara inaugurado su período de gobierno eclesiástico, el 30 de abril de 1899. Monseñor Alva es considerado el XXXV Obispo de Yucatán; sin embargo, por enfermedad, no vino a estas tierras como era su ferviente deseo.

El 19 de junio de 1899, fallece el Obispo de Zacatecas, S. E. Mons. Fr. Buenaventura Portillo y Tejada, OFM. Entonces la Santa Sede designa a Mons. Alva como Obispo de la Diócesis de Zacatecas, el tomando posesión el 8 de marzo de 1900. Por este nuevo encargo, Mons. Alva Franco concluye su breve período de Obispo de Yucatán.

Después de fecunda labor en su nueva Diócesis zacatecana, el fiel discípulo de san Francisco de Asís, falleció en su residencia episcopal, el 11 de junio de 1910. Entre sus últimas palabras, se recuerda un inolvidable testimonio: Nací pobre, me ordené fraile;  pobre y humilde entrego mi vida al Creador.



MARTIN TRISTCHLER Y CÓRDOVA.
O.F.M(1900- 1942)
Obispo 36

En julio de 1900, el Papa León XIII nombró obispo de Yucatán a Martín Tritschler y Córdova 468, quien fue consagrado en la Basílica de Guadalupe el 11 de noviembre de 1900, por Próspero María Alarcón, arzobispo de México, y el 1 de diciembre de 1900 llegó a Mérida. Este obispo poseía un «carácter prudente y conciliador» 469. Desde 1901, Tritschler y Córdova se dedicó a practicar sus visitas pastorales, comenzando Tunkás, Dzitás, Cenotillo, Calotmul, Espita, Tizimín y Valladolid, Tekax, Peto, Ticul y otras parroquias; en ese mismo año contrajo la fiebre amarilla, de la que pudo salir librado y continuó con sus visitas, principalmente del oriente de la Diócesis de Yucatán 470. El obispo Martín Tritschler llegó a Yucatán cinco meses antes de la ocupación de Chan Santa Cruz por las tropas federales y poco pudo hacer por aquellos indígenas, pero su política respecto al estado de servidumbre injusta e inhumana, en que los hacendados de Yucatán tenían a los indígenas, es considerada como «excesivamente prudente, tolerando aquel estado social de los indígenas –pero nunca aprobándolo- que se creía necesario para guardar el equilibrio económico de Yucatán» 471; nunca pretendió promover reformas radicales ni remediar los problemas con violencia, sino que esperó «que por una lenta evolución consciente mejorara la situación del jornalero de campo» 472, empleando la palabra evangélica en tono dulce y paternal.



 Fernando Ruiz y Solorzano
† (22 ene 1944 - 15 May 1969)
II.ARZOBISPO DE YUCATÁN
37 OBISPO



El 22 de enero de 1944 el papa Pío XII preconizó como arzobispo de Yucatán a monseñor Fernando Ruiz Solórzano, nacido en Pátzcuaro, Michoacán, el 10 de octubre de 1903.

Tomó posesión como arzobispo el 14 de abril de 1944 y falleció el 15 de mayo de 1969 durante un viaje en trasatlántico con destino a Roma, apenas un mes después de que celebró sus bodas de plata episcopales.

En abril de 1969, para la celebración de aniversario llegaron como invitados los obispos Jesús Acevedo, José Jesús García Ayala, José de Jesús Tirado Pedraza y Victoriano Álvarez, de Morelia, Campeche, Ciudad Victoria y Apatzingán, respectivamente.

La fiesta se realizó el 16 de abril y comenzó desde la mañana con un retiro en la Casa de la Cristiandad, dirigido por el obispo Tirado Pedraza, al que acudieron 120 sacerdotes de Yucatán, Tabasco y Campeche.

Luego el clero ofreció un homenaje y una comida durante la cual el arzobispo recibió como obsequio un cuadro de Nuestra Señora y el Niño, y un pergamino con ramillete espiritual.

La misa se celebró a las 7:30 de la noche en la Catedral. Asistieron cientos de fieles. "Yucatán es un espectáculo para el mundo”, dijo el arzobispo conmovido por el paisaje de solemnidad que no cabía en el marco del templo mayor. Esa noche estrenó un atuendo confeccionado por las Madres de la Cruz.

En su camino al altar, monseñor Ruiz Solórzano estuvo acompañado por los obispos visitantes y por el obispo auxiliar Manuel Castro Ruiz.

En el presbiterio estuvieron el canónigo José de Jesús López Ortega, diácono de la misa; los obispos de Morelia, Apatzingán, auxiliar de Yucatán, Ciudad Victoria, Campeche y el presbítero Alberto Castillo, vicario de la iglesia de Santiago. Amenizaron la misa colegialas y la Schola Cantorum del Seminario.

El Evangelio estuvo a cargo del canónigo López Ortega. La homilía, de monseñor Ruiz Solórzano. Durante la celebración el padre Castillo leyó una carta del papa Paulo VI en la que felicitaba a monseñor por sus bodas de plata episcopales.

Después de la misa el Club Serra ofreció un banquete en los jardines del Seminario, al que asistieron como invitados el cónsul de Estados Unidos, Wílliam H. Narben.




Manuel Castro Ruiz

† (20 Sep 1969 - 15 marzo 1995)

III. ARZOBISPO DE YUCATÁN.

38 OBISPO


Fue preconizado como obispo auxiliar de Yucatán y su ordenación episcopal se realizó en la Catedral el 27 de diciembre del mismo año.
El 20 de septiembre de 1969 el papa Pablo VI lo nombró como tercer arzobispo de Yucatán, tras la muerte de monseñor Fernando Ruiz Solórzano.
Monseñor Castro Ruiz, nacido en Morelia Michoacán el 9 de noviembre de 1918, celebró sus bodas de plata episcopales el 27 de diciembre de 1990.
El festejo comenzó con una marcha de tres horas (de 4 a 7 de la tarde) en la que participaron 6 mil personas.
La columna salió de Catedral rumbo a la Unidad Deportiva Kukulcán, donde se ofició la misa de aniversario. El recorrido, de 4.5 kilómetros, estuvo encabezado por la Virgen de Izamal y el Santo Cristo de las Ampollas.
Monseñor Castro Ruiz concelebró con el cardenal Ernesto Corripio Ahumada, arzobispo primado de México, y los obispos Gerónimo Prigione, delegado apostólico; Genaro Alamilla Arteaga, presidente de la Comisión Episcopal de Comunicaciones Sociales; Jorge Bernal Vargas, de Chetumal; Rafael Gallardo García, Tampico; Rafael García González, Tabasco; Héctor González Martínez, coadjutor de Oaxaca; José María Hernández González, Ciudad Netzahualcóyotl; Raymundo López Mateos, Ciudad Victoria; Manuel Pérez Gil González, secretario de la Conferencia Episcopal Mexicana; Carlos Suárez Casares, Campeche; Arturo Antonio Szymanski Ramírez, San Luis Potosí; Raúl Vela López, Ciudad Altamirano; Serafín Vázquez Elizalde, Ciudad Guzmán, y Hermenegildo Ramírez Sánchez, Huahutla.

En noviembre de 1993, monseñor Castro Ruiz entregó su renuncia a la Santa Sede. El Papa la aceptó el 15 de marzo de 1995 y lo nombró Administrador de la Diócesis, hasta la toma de posesión de monseñor Berlie Belaunzarán, el 29 de abril del mismo año.

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